CRONICA
Por: Diego Andres Chuquín.
¡Muévale que ahí vienen!, no quiero que esos perros me quiten la mercancía otra vez. Ultimas palabras de Don Elías, antes de pasar la noche en una estación de policía, con algunos índices de maltrato en su cuerpo, su mercancía decomisada y una injusta multa superior a los $50.000.
Mientras unos trabajan aproximadamente 8 horas al día, sentados en una cómoda oficina, devengando un sueldo no menor a los $500.000, con todo tipo de prestaciones de ley y seguridad social; otros doblan estos turnos, de pie la gran parte del día, sometidos a todo tipo de humillación y maltrato social, todo para conseguir la comida de sus chinos y su mujer.
Si bien es cierto vivimos en un país en donde las oportunidades para vivir bien y salir adelante son escasas, como consecuencia, la gente no tiene la oportunidad de trabajar, por que encontrar un trabajo es muy difícil y mas cuando tenemos cifras de desempleo que se alteran mensualmente, se tenga un titulo profesional o no, entonces se tiene que buscar la manera de sobrevivir y de sostener a sus familias.
Los vendedores ambulantes son hijos del rebusque, miles de colombianos que no logran obtener ocupación, o para los cuales el salario mínimo equivale a una condena al hambre, encuentran asidero temporal o permanente en las ventas ambulantes una labor riesgosa inestable y esclavizante.
La vida del vendedor ambulante es una batalla sin tregua, la mayoría debe trajinar por las calles incluso el domingo para conseguir que comer el lunes, soportan jornadas de trabajo que por lo general sobrepasan las 10 horas, sometidos a las inclemencias del tiempo y lo único que poseen para protegerse y cuidar sus tenderetes, son plásticos viejos.
Después de una agotadora jornada, en la que se calma el hambre con una gaseosa y un pan, los vendedores cierran su cajón y su kiosco, inician entonces en las calles un desfile de carritos que ruedan sobre balineras y son conducidos al sitio en donde se guardan de noche.
Los vendedores ambulantes son personas del común quienes por la situación del país han tenido que adoptar este oficio informal para subsistir, sometidos a la lluvia el sol "policía" y los demás factores que los azotan día a día, y aunque son mu reservados con las entrevistas cometarios y demás, algunos nos abrieron el libro de sus vidas y nos dejaron compenetrar en la vida de cada uno, en la vida de las calles, del trabajo sin sueldo, el cual trata de experimentar nuevas formas de subsistencia y acople, pues luchan cada día con la intolerancia y el irrespeto.
También interactúa todo el día con todo tipo de personas a las cuales muchas veces atienden con amabilidad.
Peor aun es la situación de los vendedores ambulantes, que tiene que trabajar día a día, en condiciones de extrema precariedad, que les impide aprovechar sus potencialidades como debe de ser y obviamente garantizar unos ingresos que les permitan alcanzar mejores condiciones de vida en el futuro.
Después de haber realizado una serie de entrevistas a vendedores ambulantes, se ha podido llegara concluir lo siguiente el lenguaje que utilizan no va mas allá del lenguaje común, es decir tienen sus propias jergas al comunicarse que no desfasan mucho las formas de expresión que se utilizan en el diario vivir, bueno, tiene algunas palabras claves para dar a conocer a los demás cierto tipo de información que les concierne.
Vale la pena resaltar que en este trabajo realizado únicamente con fines académicos, no se pretende hacer énfasis, buscar soluciones, o enfrentar las 2 partes tratadas. Simplemente es una muestra de una opción más de empleo, como algunos lo llaman de rebusque, que genera y muestra la cruda realidad colombiana.
